SAO PAULO.– El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro intensificaron las gestiones políticas para ampliar sus respaldos de cara a la segunda vuelta electoral del 25 de octubre, luego de que el candidato opositor obtuviera la ventaja en la primera ronda.
Flávio Bolsonaro alcanzó el 47.03 % de los votos, frente al 45.16 % obtenido por Lula, una diferencia que colocó al aspirante del Partido Liberal (PL) en una posición favorable para el balotaje. El resultado también estuvo acompañado por un fortalecimiento de esa organización política en el Congreso y en los gobiernos regionales.
Tras reconocer su sorpresa por el resultado, Lula reunió a integrantes de su equipo de campaña, ministros y dirigentes aliados para definir la estrategia electoral. Entre sus principales objetivos figura atraer a los más de 30 millones de brasileños que se abstuvieron de votar y aumentar su presencia en los medios mediante debates televisivos, una participación que hasta entonces había evitado.
El mandatario también prepara una ofensiva centrada en temas como la seguridad ciudadana y el combate al crimen organizado, mientras endurece sus críticas a la Corte Suprema. Estos asuntos han ganado protagonismo en la campaña y forman parte de los temas que su adversario ha utilizado para cuestionar al actual Gobierno.
Por su parte, Flávio Bolsonaro busca sumar el respaldo de União Brasil, Republicanos y Progresistas (PP), organizaciones de centroderecha que reúnen 128 diputados y que no respaldaron oficialmente a ninguno de los dos candidatos en la primera vuelta. El presidente del PL, Valdemar Costa Neto, confirmó que esas agrupaciones figuran entre las prioridades de negociación.
El equipo del senador también procura acercamientos con los candidatos que quedaron fuera de la contienda, especialmente el conservador Ronaldo Caiado, quien obtuvo el cuarto lugar con el 2.18 % de los sufragios. Mientras tanto, el expresidente Michel Temer manifestó su respaldo a Flávio Bolsonaro y consideró que Brasil necesita una alternativa distinta a la propuesta de Lula.
Con el balotaje fijado para el 25 de octubre, ambas candidaturas entraron en una etapa decisiva en la que la capacidad de construir alianzas, movilizar a los abstencionistas y atraer a los electores de los aspirantes derrotados podría determinar el rumbo político de Brasil.
